«Yo supe que era indio cuando bajé a la Antigua; y entonces le pregunté: ¿Y qué eras antes? Persona, me respondió.” es una cita atribuida al escritor maya kaqchikel Luis de Lión.
A quienes custodian el quehacer del Colegio de Psicólogos, a las nuevas profesionales que hoy se juramentan para tejer una psicología sensible, humana y justa, a cada colega presente y, sobre todo, a las sabias raíces comunitarias que hoy guían mi ética, abrigan mi sentir, habitan mi pensamiento y respiran en mi voz:
En este 12 de agosto del año 2026 de la era cristiana, año 5154 de la cuenta larga del sol bajo el sostén del cargador 1 Kej, y día 7 Iq' en la cuenta corta de la luna, el conteo sagrado de nuestras Abuelas y Abuelos, elevamos la palabra bajo la fuerza equilibradora del viento sagrado, el aliento de vida y la comunicación pura. En los cuatro rumbos sagrados de nuestro Árbol de la Vida, agradecemos a I'x en nuestro origen, por darnos la energía femenina y fundante de la humanidad, y el latido de la Madre Tierra para enraizarnos; que Tijax, a nuestra derecha, con su obsidiana de doble filo, corte las energías de enfermedad y libere nuestro camino; y que Kame, a nuestra izquierda, nos guíe en cada transformación con la memoria y el consejo de nuestros ancestros. En el centro, recibimos el soplo purificador de Iq', que limpia nuestra mente y lleva nuestras voces al fuego, permitiendo que Tz'i', en nuestro destino, resguarde el Pizom Q'aq'al —esa majestad sagrada que nos legaron los cuatro B'alameb'— y marque nuestros pasos con justicia, lealtad y rectitud comunitaria. Maltyox.
Hoy, para abrazar el sentido profundo de la profesión que nos reúne y sostener la responsabilidad de este tiempo, enciendo esta palabra en el fuego del origen. En la sabiduría del pueblo guaraní existe una enseñanza ancestral que sostiene la arquitectura del Teko Porã —el buen modo de ser y de habitar la existencia— (Cadogan, 1992): el Creador no empezó diseñando la anatomía humana ni la lógica; concibió primero el amor y la palabra sagrada, y solo después creó al ser humano. Esta cosmovisión originaria dialoga maravillosamente con las bases que nos legó el científico Humberto Maturana (Maturana y Varela, 1984), quien desde la biología del conocimiento nos demuestra que el amor no es un mito ni una abstracción, sino la emoción fundante que hizo posible nuestra evolución, nuestro lenguaje y nuestra verdadera existencia social. Para la cosmogonía guaraní, la humanidad no inventó el amor; fue el amor el que creó al ser humano para tener un lugar donde encarnarse. Nos enseñan que no podemos existir, ni hablar, ni sanar si no hay una trama previa de afecto que nos sostenga.
Recibo este reconocimiento no como un punto de llegada individual, sino como el eco de esa verdad ancestral. Si hoy estoy aquí ante ustedes, no es por haber llevado la «luz del conocimiento» a los territorios indígenas, sino por haber tenido la humildad de apagar mis certezas profesionales para aprender a escuchar en esa trama original. Este homenaje pertenece a las sabias, a los sabios y a las comunidades que, en medio del despojo, nos recuerdan que la salud mental no se empaqueta en manuales de escritorio ni se mide con métricas individuales. La salud mental es, fundamentalmente, la posibilidad de tejer vida comunitaria en dignidad, en afecto y en plenitud.
Sin embargo, sostener esta plenitud ha sido una lucha constante. Durante décadas, la psicología occidental ha cargado con una tentación colonial y un error metodológico profundo: asumir que la psique de las sociedades occidentales, industrializadas y urbanas representa la universalidad humana. Como denunció Fausto Reinaga (1970) en la cuna del indianismo, y como nos recuerda hoy Yásnaya Elena Aguilar Gil (2020) desde la lingüística de la comunalidad, los pueblos originarios no somos «objetos de integración» ni «categorías abstractas de estudio», sino naciones vivas dotadas de epistemologías y estructuras complejas de soberanía humana. Hemos pretendido curar lo que no comprendemos y diagnosticar como «patología» lo que a menudo es una respuesta legítima, colectiva y política ante la desposesión. Para construir una psicología indigenista no colonizante (Tuhiwai Smith, 1999), debemos transitar de la mera tolerancia a la justicia epistémica: asumir el imperativo ético que el pensador Tzvetan Todorov (2008) formuló al analizar la alteridad: comprender que el «Otro» no es un objeto de estudio ni un receptáculo de nuestras teorías, sino un sujeto pleno de sentido. Todorov (2008) nos advertía en El miedo a los bárbaros que el verdadero barbarismo consiste en ignorar la humanidad del otro, en despojarlo de su voz y su cosmogonía para imponerle la nuestra. Una práctica no colonizante de la psicología implica descalzarse antes de entrar al territorio sagrado de la memoria comunitaria, reconociendo que la medicina del espíritu, las oraciones ancestrales, la relación umbilical con la tierra y el duelo colectivo no son «creencias folclóricas», sino sistemas complejos de cuidado humano.
Esta comprensión de la totalidad y de la sanación compartida se manifiesta con claridad en las oraciones del amanecer del Popol Vuh, el libro sagrado de los mayas k'iche's (2018): «¡Oh Tú, Tz’aqol, B’atol! ¡Corazón del Cielo, Corazón de la Tierra! Que la germinación se haga, que la luz venga... Que no haya ni uno, ni dos de nosotros que se quede atrás; que todos se levanten, que nadie se quede relegado». Esta invocación es un tratado ético de salud mental colectiva que nos enseña que la sanación no ocurre de forma aislada en la soledad de un consultorio; es un acto de justicia comunitaria donde nadie se queda atrás y donde la salud del ser humano es inseparable del equilibrio con la naturaleza y lo sagrado. El Buen Vivir (Acosta, 2013; Gudynas, 2011) nos recuerda que no hay mente sana en una tierra enferma, ni paz individual en una comunidad desmembrada.
Y porque la salud mental jamás se construye sobre la amnesia, no puedo continuar sin nombrar lo que la historia ha pretendido borrar. Tal como nos ha instado históricamente el académico y diplomático Julio Yao (1993) en su postura decolonial, el rescate de la memoria es intrínseco a la defensa de nuestra soberanía; no es posible sanar la herida de nuestros pueblos si obviamos el peso del intervencionismo imperial y las huellas del despojo territorial. Por ello, les pido que me acompañen en un minuto de silencio: un silencio de respeto y memoria viva por las mujeres, los hombres y los pueblos originarios que murieron o fueron desaparecidos por la ferocidad del poder militar, por las violencias de Estado y por el peso ciego del olvido. Honremos sus vidas y sus ausencias.
(Pausa de 30 a 60 segundos de silencio absoluto en el auditorio)
Que este silencio no sea solo un acto de respeto, sino nuestro mayor compromiso para despertar frente a un tiempo confuso. Porque es precisamente contra la impunidad y el olvido que hoy nos convoca la tarea de sanar. Vivimos sumergidos en la era de la posverdad, donde el ruido algorítmico y el relato interesado han sustituido a los hechos, y donde las democracias parecen desmoronarse, extenuadas, frente al empuje del populismo, la polarización y el fanatismo. En este contexto, se ha instalado con fuerza lo que la antropóloga Rita Segato (2018) define como la «pedagogía de la crueldad»: ese adiestramiento cotidiano de la sensibilidad que nos enseña a cosificar la vida, a insensibilizarnos ante el dolor ajeno y a ver los cuerpos, los territorios, la espiritualidad y las identidades como objetos prescindibles o de consumo. Esta deshumanización atenta contra nuestra propia biología, pues la neurociencia afectiva (Panksepp, 1998) y la biología del vínculo nos han comprobado que nuestro sistema nervioso es un órgano profundamente social, diseñado para la sintonía emocional, el cuidado compartido y el reflejo de la vida ajena. A pesar de esta verdad anatómica, esa misma pedagogía de la crueldad se empeña en desvincularnos, aislándonos en un individualismo atroz y reduciendo la empatía a una debilidad, forzándonos a operar bajo una lógica perversa que la teoría de los juegos (von Neumann y Morgenstern, 1944) calificaría como un escenario de «suma cero», donde la falsa ilusión nos dicta que, para que uno gane o sobreviva, el otro debe ser invariablemente derrotado o extinguido.
Frente a esta vorágine de insensibilidad y deshumanización, el escritor israelí Amos Oz (2003) nos dejó una lección magistral en su ensayo Contra el fanatismo. Oz afirmaba que el germen del fanático radica en la incapacidad de imaginar al otro, en la aterradora certeza de poseer la verdad absoluta y en el desprecio por el matiz. El fanatismo exige respuestas en blanco y negro; la posverdad exige adhesión ciega a dogmas construidos desde el odio. ¿Cuál es la responsabilidad de la psicología frente a esto? Nuestra labor no puede ser neutral. La salud mental en tiempos de posverdad es un acto político, humano y ético. Si permitimos que la pedagogía de la crueldad dicte cómo nos relacionamos, seremos cómplices del colapso democrático. Nuestra trinchera no es el enfrentamiento estéril, sino la restitución del matiz, la defensa innegociable de la pluralidad y el rescate de la empatía. Y este rescate nos exige, ineludiblemente, cuestionar nuestro propio compás; porque la forma en que medimos el tiempo determina la enfermedad que diagnosticamos y la ceguera con la que repetimos la historia. Mientras la trampa del 2026 nos ahoga en la tiranía de la flecha —donde la prisa del mercado traduce el sufrimiento en burnout, en falla de rendimiento o en pánico individual—, la memoria de los 5154 años de la cuenta maya nos recuerda que la vida no es una carrera recta, sino una respiración en espiral. La intervención clínica y política más urgente de nuestro tiempo es un acto de desobediencia temporal: sacar al ser humano y a la comunidad de la histeria de un reloj que exige avanzar sin parar, para devolverlos a la serenidad del ciclo. Allí, donde el dolor deja de ser un fracaso personal y el k'axk'ol se reconoce como una desarmonía del tejido, comprendemos que la sanación no consiste en correr más rápido hacia el colapso, sino en volver a tejer el cuerpo con la memoria del territorio.
Asumir este acto de desobediencia temporal es un compromiso que solo es posible cuando comprendemos que los Derechos Humanos no son un eje más entre otros: son el único eje sobre el cual puede sostenerse la salud mental y una clínica ética. Lejos de ser una fría abstracción o un trámite que se cita al final de una ponencia, son el sostén afectivo que abraza la vida y hace encarnar el Buen Vivir. Pretender sanar el dolor de una persona es una ilusión si ignoramos o callamos ante la vulneración sistemática de su tierra, su identidad, su justicia y su dignidad. La psicología indigenista desde Abya Yala nos enseña el principio inquebrantable del Cuerpo-Territorio: tal como han demostrado las investigadoras mayas Aura Cumes (2012) y Gladys Tzul Tzul (2016), el gobierno de la vida y el resguardo de la salud mental residen en las tramaciones comunales. Entendamos esta palabra desde la profunda sabiduría del telar: si la urdimbre es la base firme, la trama es el hilo que viaja, se entrelaza y abraza para formar la tela. Si se saca un hilo, el tejido se afloja; si la trama se corta, la tela entera se deshace. Por ello, la tramación comunal no es una simple convivencia pasiva o romantizada, sino un acto continuo, vivo y paciente de entrelazar la existencia. Para estas pensadoras, dichas tramaciones son los verdaderos sistemas políticos, afectivos y de trabajo que sostienen a los pueblos. Se manifiestan en la materialidad del trabajo compartido —en el k'axk'ol, el tequio o la minga para resguardar el agua y el bosque—; en la soberanía de la asamblea para la toma de decisiones; y en la inmensa red de los sistemas de cuidado, que abarcan desde las manos de las parteras hasta el abrazo en los duelos colectivos. Es una trama compleja que no solo enlaza a los seres humanos entre sí, sino que nos teje indisolublemente con la tierra, los animales y las energías espirituales. Es precisamente en esa materialidad de la vida compartida donde se sostiene nuestra biología y nuestra psique. Por esta razón, no se puede sanar el alma de un pueblo mientras sus ríos son saqueados y sus bosques son talados, porque el cuerpo de la mujer, el cuerpo del trabajador y la tierra que habitan son una sola red nerviosa. En palabras del pensador Ailton Krenak (2019), la sanación radica en reaprender a escuchar el canto de la tierra para postergar el fin del mundo al que nos arrastra la voracidad colonial.
Sostener esta postura exige no simplificar jamás el sufrimiento humano. Como nos enseñó Edgar Morin (2004) desde el pensamiento complejo, y como nos desvela la socióloga aymara Silvia Rivera Cusicanqui (2010) a través de la noción de lo ch'ixi, la realidad humana es multidimensional y habita en una constante y fértil tensión entre identidades diversas que no se dejan abrumar por esquemas reduccionistas ni por un mestizaje pacificador. Es aquí donde la teoría general de los sistemas (von Bertalanffy, 1968) nos recuerda con claridad que una persona, una familia o una cultura no son entidades aisladas, sino redes vivientes en constante interdependencia con su entorno; no se puede comprender la parte disociada del todo orgánico. Para enfrentar las violencias estructurales y los dolores de nuestra época, debemos quitarnos la máscara del omnisciente. La psicología no puede sola: necesitamos tejer saberes y dialogar de igual a igual con la antropología, la sociología, el derecho, la ecología, el arte y la medicina ancestral, porque ninguna disciplina tiene el monopolio de la sanación. Del mismo modo, necesitamos tender puentes entre nosotros mismos a través del trabajo intradisciplinario, superando la fragmentación teórica, las rencillas académicas y las divisiones gremiales que nos debilitan mientras la realidad social clama por respuestas coordinadas.
Pero ningún tejido externo es sostenible si descuidamos las manos que lo tejen. Llego así al corazón de este mensaje: a la raíz misma de la ética de sostenernos y al derecho inalienable de cada profesional a nombrar con ternura todo aquello que le habita por dentro. Durante años nos vendieron la figura del observador aséptico e invulnerable que procesa el dolor ajeno sin despeinarse mientras su propio mundo se quiebra en silencio ante la herida abierta de la desigualdad.
Sin embargo, la salud mental nos exige comprender que las relaciones son la verdadera medicina: la psique no se restaura en el aislamiento, sino en la trama viva del encuentro. Expresar la fragilidad no es una falla técnica ni una falta de ética; es nuestra mayor coherencia. Frente al tiempo acelerado de la productividad y el desgaste, reivindicamos el tiempo del cuidado: la pausa compartida que restituye lo que la prisa nos quita, recordando que cuidar también significa dejarnos cuidar y que nadie debe sostener la vida en soledad.
Al final del día, colegas, no hablo desde la pureza teórica, sino desde el barro de la experiencia. Como costarricense, como contador del tiempo Kaqchikel y acompañante del pueblo Térraba, he aprendido que en la indianidad hay luz, pero también hay fricción, resentimiento y traición. Somos pueblos atravesados por el olvido y la violencia, tejiendo nuestra supervivencia con los hilos que tenemos. Por eso, he comprendido que la psicología, en el fondo, no se descoloniza; la psicología cura el alma. Y el alma solo se cura cuando retorna a la espiritualidad, entendida no como dogma, sino como la forma más profunda de relación: ese telar donde se entrelazan pacientemente todas las fibras de la vida y de la muerte.
(Pausa de 3 segundos)
Colegas: desde este refugio relacional es que podemos sostener la mirada ante la encrucijada histórica de nuestro tiempo, donde las democracias se erosionan por la pérdida de la escucha, atenazadas por el fanatismo y la posverdad. Frente a esta fragmentación, la diplomacia cuántica de vanguardia (Wendt, 2015) apenas comienza a develar científicamente la misma verdad que la sabiduría ancestral de nuestras comunidades ha custodiado por milenios: habitamos un entrelazamiento profundo donde no existen observadores neutrales. Lo que la física moderna denomina «entrelazamiento», los pueblos originarios siempre lo han encarnado como una relacionalidad radical. En el campo social y en la clínica, la sola presencia transforma el entorno; la afectación de una sola vida altera la totalidad de la red.
Desde esta diplomacia de los vínculos, la verdadera resistencia no es el choque binario, sino la orquestación del sostén mutuo y la valentía de sostener la superposición de matices y complejidades de la condición humana. Como nos enseñó Todorov (2008), el reto es convivir con el Otro sin dominarlo ni ser dominado; como nos urgía Amos Oz (2003), el remedio contra el fanatismo es la curiosidad, el humor y la empatía. Y como nos clama la sabiduría del Popol Vuh (2018) y del Teko Porã (Cadogan, 1992), la meta es habitar un tiempo compartido donde nos levantemos todos juntos, sin que nadie quede postergado.
Despojo a este reconocimiento de todo adorno individual. No es el tributo a una trayectoria que se apaga, sino un fuego que pongo en las manos de este colectivo para marcar un antes y un después. Asumamos este día no como un homenaje, sino como un juramento ineludible: ejercer una ciencia que responda con ternura ante el dolor y con firmeza ante la deshumanización; una praxis humilde que honre el saber de los pueblos y erija los Derechos Humanos como su única e insustituible brújula. Si hemos de atravesar la noche del mundo, hagámoslo tejiendo vida en nuestras relaciones, sosteniendo a quien cae y recordando, por encima de cualquier doctrina o ruina, que antes del humano estuvo, está y estará el amor.
Maltyox. Muchas gracias.
Referencias Bibliográficas
Acosta, A. (2013). El Buen Vivir: Sumak Kawsay, una oportunidad para imaginar otros mundos. Icaria Editorial.
Aguilar Gil, Y. E. (2020). Ää: miscelánea de lingüística, autonomía y otros temas Zapotecos y Mixes. Almadía.
Cadogan, L. (1992). Ayvu rapyta: Textos míticos de los Mbyá-Guaraní del Guairá (2.ª ed.). Centro de Estudios Antropológicos de la Universidad Católica (CEADUC). (Obra original publicada en 1959).
Cumes, A. (2012). Mujeres indígenas, patriarcado y colonialismo: un desafío a la homogeneidad. Anuario de Estudios Centroamericanos, 38, 273–302.
Gudynas, E. (2011). Buen Vivir: Germinando alternativas al desarrollo. América Latina en Movimiento, 462, 1–20.
Krenak, A. (2019). Ideas para postergar el fin del mundo. Amanda Editorial.
Maturana, H., y Varela, F. (1984). El árbol del conocimiento: Las bases biológicas del entendimiento humano. Editorial Universitaria.
Morin, E. (2004). Introducción al pensamiento complejo. Editorial Gedisa.
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Organización Internacional del Trabajo. (1989). Convenio N.º 169 sobre pueblos indígenas y tribales en países independientes. https://www.ilo.org/dyn/normlex/es/f?p=NORMLEXPUB:12100:0::NO::P12100_ILO_CODE:C169
Oz, A. (2003). Contra el fanatismo. Ediciones Siruela.
Panksepp, J. (1998). Affective Neuroscience: The Foundations of Human and Animal Emotions. Oxford University Press.
Popol Vuh: Las antiguas historias del Quiché. (2018). (A. Recinos, Trad.). Fondo de Cultura Económica. (Obra original publicada en s. XVI).
Reinaga, F. (1970). La revolución india. Ediciones PIB.
Rivera Cusicanqui, S. (2010). Ch'ixinakax utxiwa: Una reflexión sobre prácticas y discursos descolonizadores. Tinta Limón.
Segato, R. L. (2018). Contra-pedagogías de la crueldad. Prometeo Libros.
Todorov, T. (2008). El miedo a los bárbaros: Más allá del choque de civilizaciones. Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores.
Tuhiwai Smith, L. (1999). Decolonizing Methodologies: Research and Indigenous Peoples. Zed Books.
Tzul Tzul, G. (2016). Sistemas de gobierno comunal indígena en Guatemala. Sociedad Comunitaria de Estudios Maya K'iche'.
von Bertalanffy, L. (1968). Teoría general de los sistemas. Fondo de Cultura Económica.
von Neumann, J., y Morgenstern, O. (1944). Theory of Games and Economic Behavior. Princeton University Press.
Wendt, A. (2015). Quantum Mind and Social Science: Unifying Physical and Social Ontology. Cambridge University Press.
Yao, J. (1993). El Canal de Panamá, el calvario de un pueblo. Editorial Universitaria.
El pasado jueves 7 de agosto de 2025, fue un día como cualquiera, lleno de apuros y trajines para la gran mayoría de las personas, un jueves tan común que pasó desapercibida la notificación que hacia la Corte Interamericana de Derechos Humanos de su Opinión Consultiva 31 del 2025, sobre el contenido y el alcance del derecho al cuidado y su interrelación con otros derechos, adoptada el 12 de junio de 2025, en respuesta a la consulta realizada por la República Argentina en enero de 2023.
Gracias a esta consulta realizada por Argentina, los jueces garantes de los derechos humanos determinaron que tenemos derecho al cuido; y en este oficio de escuchar el dolor humano, los profesionales en psicología sabemos de sobra la relevancia del cuido, para cada una de las etapas del ser humano.
Los altos jueces concluyeron que el cuidado “constituye una necesidad básica, ineludible y universal, de la cual depende tanto la existencia de la
vida humana como el funcionamiento de la vida en sociedad” (CORTE IDH, 2025); en este sentido, cuidar, en verbo, es una acción indispensable como respirar, comer y dormir, es esencial para sobrevivir. Al establecerla como ineludible y universal, nos dicen que su ejercicio y disfrute es obligatorio, que todos somos sujetos de gozar de ese derecho y, por ende, tampoco podemos negarlo a nadie, indistintamente de su sexo, género, edad, religión, renta, educación o condición migrante.
Ahora bien, la Corte IDH reconoció que el cuido o el derecho al cuidado se configura como “el conjunto de acciones necesarias para preservar
el bienestar humano, incluida la asistencia a quienes se encuentren en una situación de dependencia o requieran apoyo, de manera temporal o permanente. Igualmente, sostuvo que el cuidado es necesario para asegurar condiciones de atención mínimas para una existencia digna, especialmente respecto de personas en situación de vulnerabilidad, dependencia o limitación” (CORTE IDH, 2025).
Que la Corte IDH reconozca el derecho al cuidado, supone para los estados miembros un recordatorio de sus obligaciones como promotores y garantes de los derechos humanos de sus ciudadanos; uno derechos que no son otra cosa más que las condiciones mínimas que debe gozar una persona para tener una existencia digna, y léase digna, no opulenta, ni con abundancia de bienes. Esa vida digna es hacia donde debe dirigirse la política pública, no solo regional, nacional o local, también la del barrio, la comunidad, el pueblo, la de las familias.
Al usar la palabra política, parto de la definición del diccionario de la Lengua Española, el cual indica que se entiende como “Orientaciones o directrices que rigen la actuación de una persona o entidad en un asunto o campo determinado”; de este modo, las comunidades y las familias pueden tener su propia política, sin embargo, dado que en las comunidades intervienen una serie de actores, cada cual con su particularidad y objetivos diversos, no me referiré a ellas, no así como las familias, ese grupo de personas unidas por parentesco, matrimonio o afecto, esa célula vital de la sociedad, esa que se vuelve estandarte de campañas políticas y germen de tantas críticas en la actualidad.
El derecho al cuidado es un derecho que se ensaya por primera vez en la familia, es ahí donde nos han enseñado que se suple esa necesidad básica, ineludible y universal. En concordancia, según sea la experiencia en la satisfacción de este derecho al cuido, tendremos seres humanos con una existencia digna o no; cabe resaltar que, en nuestra legislación y aparato judicial, se encuentra normado los grupos de poblacionales que deben ser cuidadas de forma prioritaria, niñez, adolescencia, mujeres embarazadas, personas con discapacidad y adultos mayores; para ellos existen leyes particulares donde se tutelan sus derechos.
Entonces, sí desde nuestra socialización está inculcado que la familia es la primera que nos cuida y en nuestra legislación esta normado y ahora la Corte IDH ratifica que es un derecho humano que se vive en tres dimensiones, cuidar, ser cuidado y auto cuidarse; porque tenemos este incremento de abandonos, de negligencias normalizadas y disfrazadas de libertad, independencia y autonomía.
Y esto, no solo lo veo en mi consulta privada, lo veo en las interacciones de las familias que me circundan, de mi comunidad, de las instituciones públicas que velan por las poblaciones vulnerables.
En nombre la autonomía, independencia, el derecho a decidir a recrearse, los bebés y niños pequeños ya no tienen horarios de sueño establecidos según sus necesidades fisiológicas, se encuentran malnutridos, se exponen a ambientes nocturnos de adultos con niveles de ruido contaminantes, con acceso a dispositivos móviles ilimitado, espacios en sus hogares cada vez más limitados. Los niños y adolescentes se volvieron una competencia para los padres que tienen mejores condiciones económicas, la escuela privada, levantarse más temprano, las clases de inglés, la escuela de ballet, de futbol, las clases de natación, agendas llenas de actividades, cabellos de menores de 12 años llenos de color; mientras que para otros de condiciones económicas bajas o extremas, los menores y los adultos mayores, se vuelven una carga, una carga que agobia, que asfixia, porque las exigencias de la sociedad, la escuela, colegio o la vejez cada vez cuestan más dinero, dinero que no alcanza para las familias que viven en pobreza, y si bien el dinero no da felicidad, si paga el alquiler, la electricidad, el agua y el internet, da tranquilidad.
En esta ruleta de apariencias, competencias, necesidades y urgencias de mínimo, van creciendo nuestra niñez y adolescencia, cada día más solos, más desamparados, más vulnerables, más vacíos de afecto, de valores, de risas y alegrías; expuestos a una violencia estructural descomunal, que se siente como una ola de sunami que lo arrastra todo.
Volvamos a cuidar, cumplamos nuestro rol de adultos encargados, levantémonos a preparar desayunos, enseñemos a comer frutas y verduras, salgamos a caminar y jugar, conversemos con los niños, contemos cuentos, hagamos canciones, preguntemos como les va en el colegio, atendamos sus enfermedades, conozcamos sus amigos, conversemos con los adultos mayores, que las personas con discapacidad se sientan aceptadas y encuentren un lugar en la comunidad. Dejemos de vivir como islas, que el aislamiento no vuelve susceptibles para la depresión, ansiedad, estrés crónico, bullying, autolesiones, bulimia, anorexia, drogodependencias, violencia doméstica y muerte por suicidio.
Cuidar es estar, es poner límites, es conocerlos, es escucharlos. Cuidar es ser una red de apoyo.
Enfoques
De acuerdo con la Guía para la elaboración de Políticas Públicas (MIDEPLAN,2023) los enfoques “son los marcos teóricos y metodológicos que se utilizan en el diseño y ejecución de políticas públicas, estos determinan cómo se entienden y abordan los problemas públicos, la equidad y sostenibilidad en el desarrollo, la inclusión social y cómo se identifican y organizan las prioridades y los resultados ante la población”.
En este sentido, la Política Nacional de Salud Mental 2024-2034, parte de enfoques que dan cuenta de una visión integral en el abordaje, acceso y articulación de la salud mental en el país; siendo estos los siguientes:
1. Acceso y cobertura universal en salud: Este enfoque promueve el acceso equitativo a los servicios de salud física y mental, indistintamente de las condiciones económicas y sociales de los habitantes del país.
2. Curso de vida: Este enfoque reconoce la importancia de ajustar las políticas y programas a cada una de las etapas de la vida, comprendiendo las necesidades y desafíos de cada edad.
3. Derechos humanos: Con este enfoque la política busca promover y proteger la dignidad de todas las personas, así como el derecho a una vida digna.
4. Desarrollo humano: El abordaje desde este enfoque reconoce el desarrollo humano como integral, abordando la educación, la salud física y mental, la participación en la sociedad y el acceso a recursos y oportunidades.
5. Discapacidad: Con esta mirada la política reconoce la interacción existente entre las deficiencias funcionales de una persona y las barreras del entorno, ya sea desde actitudes hasta infraestructura o recursos.
6. Ecológico: Desde este enfoque se reconoce la interacción de los determinantes biológicos, ambientales, sociales y contextuales en la salud de las personas.
7. Género: Con este enfoque la política asegura un trato equitativo entre hombres y mujeres, sin dejar de reconocer las diferencias de género.
8. Gestión por Resultados en el Desarrollo: Al utilizar este enfoque se busca poder medir el impacto de la política, estableciendo objetivos, indicadores, metas, seguimiento de los resultados y rendición de cuentas de la inversión.
9. Igualdad y no discriminación: Partir de este enfoque asegura que todas las personas indistintamente de su raza, etnia, orientación sexual, género, religión, condición económica o educativa, tengan acceso a los mismos servicios, oportunidades y recursos.
10. Promoción de la salud: Este enfoque es un componente técnico-político, en la medida que pretende que los diferentes actores sociales tengan herramientas y medios para poder controlar aquellos determinantes que intervienen en la calidad de la salud física y mental.
Principios
La Política Nacional de Salud Mental 2024-2034, se guía por una serie de principios, “los cuales consisten en el conjunto de normas de conducta que orientan la acción del ser humano” (MIDEPLAN, 2023). Estos tienen como propósito resguardar el derecho una atención accesible, inclusiva y de calidad para todas las personas, a través de la declaración de las siguientes prácticas.
1. Principio de accesibilidad: Eliminación de todas las barreras físicas, sensoriales, cognitivas y digitales, para que todas las personas sin distinción de su condición de funcionalidad tengan acceso a los servicios y recursos de atención de la salud mental.
2. Principio de calidad: “Este principio asegura que los servicios, como los relacionados con la salud mental y física, no solo sean efectivos y eficientes, sino que también se brinden con empatía, respeto y consideración por la dignidad de las personas” (Ministerio de Salud, 2024)
3. Principio de cohesión social: Busca fortalecer la interacción e integración de los diferentes grupos de la sociedad, procurando la inclusión y justicia social, propias de una vida comunitaria plena.
4. Principio de diversidad: Reconoce la diversidad y valora las diferencias entre las personas, partiendo de la pluralidad del ser humano.
5. Principio de equidad: “Se centra en la igualdad de acceso a servicios esenciales, como los de salud mental, necesidades básicas, a la educación, empleabilidad y otras oportunidades, asegurando que todas las personas, especialmente las más vulnerables, puedan beneficiarse del desarrollo social y económico”. (Ministerio de Salud, 2024)
6. Principio de inclusión social: Busca eliminar las barreras de participación, primordialmente para los grupos de personas que viven en condición de exclusión social, promoviendo el acceso a recursos y oportunidades de forma equitativa.
7. Principio de no discriminación: Se basa en la eliminación de todas las formas de discriminación por condiciones de raza, género, religión u orientación sexual, o bien cualquier otra característica personal, promoviendo un trato respetuoso y de equidad para todas las personas.
8. Principio de solidaridad: Promueve el compromiso de apoyarse mutuamente entre las personas y las comunidades, por medio de la cooperación y ayuda; con el fin de lograr la cohesión social y sentido de pertenencia a los entornos donde convivimos.
9. Principio de universalidad: “La universalidad asegura que todas las personas tengan acceso a los mismos derechos y servicios, sin distinciones, promoviendo la igualdad y la justicia” (Ministerio de Salud, 2024)
Ejes de Acción de la Política
Eje 1. Entornos protectores y promotores de la salud mental: Este eje se centra en la creación y fortalecimiento de activos comunitarios, como las redes de apoyo social, acceso a la educación, competencias laborales, además de tomar en cuenta los recursos naturales y físicos como protectores de la salud mental, buscando con ello la cohesión social, sentido de pertenencia y resiliencia de las comunidades.
Desde este eje, la atención de la salud mental, se aborda con un modelo integral de desarrollo de capacidades emocionales y sociales, no solo en los espacios hospitalarios, sino en las comunidades, centros educativos y ámbitos laborales.
Objetivo: “Incrementar el bienestar de las personas, familias y comunidades mediante acciones de promoción de la salud y fortalecimiento de los factores protectores, transformando el modelo de atención hospitalaria a un modelo de abordaje integral de la salud mental en el territorio nacional para el año 2034.” (Ministerio de Salud, 2024)
Eje 2. Abordaje intersectorial para la prevención, detección y atención de la salud mental: “Este eje abarca múltiples acciones necesarias para el abordaje integral de la salud mental; está orientado a la prevención en sus distintas etapas como lo son la prevención universal, la selectiva y la indicada, así como, a la protección y cuidado, acciones realizadas por varios sectores, atención en salud, rehabilitación e inclusión social y laboral como partes del Modelo de Abordaje Integral de la Salud Mental. Este enfoque integral no solo aborda los problemas de salud mental en sus etapas iniciales, sino que también reduce los factores de riesgo asociados.” (Ministerio de Salud, 2024)
Objetivo: “Reducir la incidencia y prevalencia de los trastornos mentales y del comportamiento, y sus factores de riesgo, mediante la prevención universal, selectiva e indicada, así como detección temprana y atención de calidad e inclusión social, para el mejoramiento del estado de la salud mental en el territorio costarricense para el año 2034.” (Ministerio de Salud, 2024)
Eje 3. Abordaje integral del comportamiento suicida: “Este eje abarca un enfoque completo que va desde la prevención universal, selectiva e indicada hasta la atención e inclusión social y laboral enfocado específicamente al comportamiento suicida.” (Ministerio de Salud, 2024)
Objetivo: “Prevenir el comportamiento suicida mediante la implementación de estrategias oportunas de promoción, prevención y atención desde un abordaje integral para el bienestar de la población.” (Ministerio de Salud, 2024)
IMPLEMENTACIÓN EN LA POLÍTICA LOCAL
• Análisis de la potencial implementación de una política local (mínimo 3 y máximo 5 páginas).
El diseño de una política local de Salud Mental en el cantón de Montes de Oro, Puntarenas, parte definitivamente de una alineación con la política nacional; es decir, partiendo del diagnóstico nacional que aporta la política, se deben utilizar los mismos ejes de acción, aplicando un enfoque territorial, dadas las condiciones y características particulares del cantón.
En este sentido, la política local debe establecer planes y programas dirigidos a la promoción y desarrollo de Entornos protectores, centrándose en la creación y fortalecimiento de espacios y condiciones que favorezcan el bienestar mental en todos los ámbitos de la vida de las personas, lo que no es otra meta, que promover el desarrollo humano integral y sostenible.
De igual forma que la política nacional, una política local debe contener un Abordaje intersectorial, integrando en el diseño e implementación de la política a los diferentes actores locales, no solo de la esfera institucional, como los establece el Reglamento de la Ley Nacional de Salud Mental, con la creación de las COMISIONES LOCALES DE SALUD MENTAL (COLOSAM), las cuales “serán presididas por el Ministerio de Salud en cada una de las Áreas Rectoras de Salud y tendrán como objetivo la articulación interinstitucional y la coordinación de acciones conjuntas en el desarrollo de planes integrales de promoción y educación de la salud mental, así como la prevención universal, selectiva e indicada, atención en salud, rehabilitación e inclusión social a nivel comunitario”. (Ministerio de Salud, 2025); sino del ámbito de la organizaciones sociales, civiles y sector empresarial, previa definición de su grado de participación o recursos a aportar.
En este eje de acción, el gobierno local juega un papel importante, en tanto según el artículo 23 de la Ley Nacional de Salud Mental, “las municipalidades estarán facultadas para coordinar con la Secretaría Técnica de Salud Mental, a través de las instancias regionales y locales, las actividades de promoción, prevención e inclusión social de las personas que viven con trastornos mentales y del comportamiento. Asimismo, podrán desarrollar programas, proyectos y capacitaciones para la prevención, rehabilitación y promoción de la salud mental comunitaria” (Ministerio de Salud, 2023).
Por consiguiente, la Municipalidad de Montes de Oro tiene los mecanismos jurídicos, para destinar presupuestos para la ejecución de planes y programas de promoción y atención de la salud mental; acciones que pueden apoyarse con las diferentes comisiones relacionadas con desarrollo humano, como lo son las comisiones de mujer, discapacidad, adulto mayo, ambiente, Comité de la Persona Joven, Comité de Deportes, etc.; además del Concejo Cantonal de Coordinación Institucional (CCCI), los cuales son presididos por la Alcaldía.
La Política Nacional de Salud Mental 2024-2034, la Ley Nacional de Salud Mental y su reglamento, definen con claridad las funciones, roles y obligaciones de cada uno de los actores institucionales, civiles o privados. Esta política desde su diseño, contiene el componente de aplicabilidad regional y local, a través de las Comisiones Regionales y Locales de Salud Mental; por lo que se requiere es la coordinación intersectorial para la implementación de acciones según los temas vinculados por eje de acción.
Incluso es necesario indicar que, específicamente el cantón de Montes de Oro forma parte de las poblaciones metas, como se establece en los siguientes indicadores:
· O1.AE1.I16.: Número de proyectos desarrollados para la promoción de la salud mental en la comunidad, con un presupuesto 2025-2027 de ₡25.000.000, destinado a la Dirección Regional de Rectoría de la Salud Pacífico Central- Áreas Rectoras de Salud (Quepos, Parrita, Orotina-San Mateo, Puntarenas-Chacarita, Esparza, Garabito, Barranca, Peninsular, Montes de Oro). (Ministerio de Salud, 2024)
· O1.AE3.I11. Porcentaje de participación de niñas, niños y adolescentes en actividades deportivas y recreativas desarrolladas, con un presupuesto 2025-2028 de ₡20.000.000, destinado a la Dirección Regional de Rectoría de la Salud Pacífico Central- Áreas Rectoras de Salud (Quepos, Parrita, Orotina-San Mateo, Puntarenas-Chacarita, Esparza, Garabito, Barranca, Peninsular, Montes de Oro). (Ministerio de Salud, 2024)
· O1.AE4.I1. Porcentaje de participación de niñas, niños y adolescentes en actividades de promoción de salud mental desarrolladas, con un presupuesto 2025-2027 de ₡30.000.000, destinado a la Dirección Regional de Rectoría de la Salud Pacífico Central- Áreas Rectoras de Salud (Quepos, Parrita, Orotina-San Mateo, Puntarenas-Chacarita, Esparza, Garabito, Barranca, Peninsular, Montes de Oro). (Ministerio de Salud, 2024)
· O3.AE4.I3. Número de personas capacitadas en comportamiento suicida para actores de primera respuesta, con un presupuesto 2025-2027 de ₡12.000.000, destinado a la Dirección Regional de Rectoría de la Salud Pacífico Central- Áreas Rectoras de Salud (Quepos, Parrita, Orotina-San Mateo, Puntarenas-Chacarita, Esparza, Garabito, Barranca, Peninsular, Montes de Oro). (Ministerio de Salud, 2024)
De acuerdo con estos indicadores, la población del cantón de Montes de Oro, es una población meta definida desde la política nacional, por lo que la implementación de acciones o productos en el cantón, son requerimientos indispensables de ejecutar para lograr el cumplimiento de las metas establecidas, las cuales tienen su primera divulgación de resultados de seguimiento, este año 2026, por parte de Comisión Regional de Salud Mental.
Sin embargo, si bien, la política es clara en su aplicabilidad local, de parte de la ciudadanía o actores civiles interesados como los profesionales independientes de la salud y específicamente de la salud mental, desconocemos la existencia de la coordinación o integración de la COMISION LOCAL DE SALUD MENTAL por parte del Ministerio de Salud como ente rector, así como acciones o productos específicos que se estén destinando a la población del cantón.
Mantenemos la confianza en que los procesos de sensibilización que lleva a cabo el Gobierno Local, logren identificar la urgencia de la formación de la COLOSAN de Montes de Oro y la convocatoria a los actores institucionales, organizaciones sociales y civiles registradas para participar; y así ir visualizando una política local de Salud Mental, con sus planes y programas.
MIDEPLAN. (2023). Guía para la Elaboración de Políticas Públicas. San José: Mideplan.
Ministerio de Salud. (19 de diciembre de 2023). Ley Nacional de Salud Mental Ley N° 10412. La Gaceta, págs. L10412-IN2023832900 .
Ministerio de Salud. (2024). Política Nacional de Salud Mental 2024-2034 y sus anexos técnicos de la política nacional de salud mental. San José: Ministerio de Salud.
Ministerio de Salud. (28 de Febrero de 2025). REGLAMENTO A LA LEY NACIONAL DE SALUD MENTAL. La Gaceta, págs. D44919 - IN2025932323 ).
Es el documento normativo obligatorio que regula la conducta moral, los deberes y las obligaciones de las personas profesionales en psicología. En Costa Rica, este reglamento es dictado y supervisado por la Fiscalía del Colegio de Profesionales en Psicología de Costa Rica (CPPCR).
El quehacer psicológico está estrictamente vinculado a salvaguardar la dignidad, libertad y los derechos humanos de las personas y la sociedad. Sus pilares principales incluyen:
Secreto Profesional (Artículos 32-34).
Encuadre Profesional y Consentimiento (Artículos 11-12)
Competencia y Límites
Igualdad y No Discriminación